CONSEJILLOS Y TRUCOS

miércoles

BALI


Yo a Bali vuelo!!! Llegamos a Bali procedentes de Pekín y con más de un mes por delante, una delicia. El verde de Bali y el hinduísmo balinés son  un sosiego para la vista y el alma después del caos de Beijing.

Álvaro no estaba nada convencido de pasar tanto tiempo en Bali, que si habrá mucho turista, que si va a ser muy comercial, que si todo estará hecho para guiris, que si vamos a ser un dolar con patas, que ya veras que va a ser muy pijo,  que dicen que te cobran por todo, que si  sí que si no...que ya estábamos en Bali y nos quedaban 40 días por delante así que calma... 

Hay muchas maneras de ver Bali, muchas contradicciones en la misma isla que hacen amarla o detestarla, nosotros tratamos de alejarnos de las zonas más concurridas y turísticas, si nos acercábamos a ellas lo hacíamos con la curiosidad de saber que hay otro Bali en Bali y llegó incluso a ser divertido.
No queríamos desplazarnos en taxi privado como hacen algunos visitantes, salvo que fuese imprescindible, tampoco vimos opciones en transporte público, así que durante unos días alquilamos coche, un error: a la dificultad de la conducción inversa se añadía la dureza de los amortiguadores de los coches de alquiler y que por esas fechas los estudiantes balineses ensayan sus desfiles y van jalan jalan por las carreteras sin arcenes...así que al modo balinés moto para tres... 
  
Lo mejor que se puede hacer para conocer Bali es verla en moto, perderse para encontrar el auténtico Bali.

Así que la sensación de descubrir Bali empezó nada más subirnos en la moto, a eso se añadió la suerte de instalarnos en la casa de Nyoman. Nyoman nos trató como si fuésemos de la familia, su casa fue nuestro centro de operaciones, nuestro parking de moto, nuestro guardamaletas cuando cargábamos una mochila y desaparecíamos unos días con la moto. A pesar de estar en Ubud la zona era encantadora y la suerte de allí vivía Putu, el primer amigo balinés de Martí. Martí disfrutó en el viaje, se adaptó a todo, sonrió mucho y habló más, comió bien y creció mucho. La familia era encantadora y Nyoman flipaba con Martí así que nos introdujo en ceremonias bastante privadas, en ensayos de kechak  sin turistas, en zonas de acceso balinés...vamos que nos apadrinó.

 

 

Me veo incapaz de decir todos los lugares que visitamos (prometo ser más disciplinada en otro viaje y apuntarlo todo) , fueron tantos...paisajes imponentes, de una naturaleza exhuberante, vimos infinidad de templos, algunos  conocidos como el Ulluwatu, el Pura Gunung Kawi con tumbas talladas o  el  Tirta Empul y sus piscinas para purificarse,otros abandonados, templos entre la bruma, con sol, con ceremonias, sin ellas, con monos, con peces, muchos, pero sin duda ninguno me impactó tanto como el Purah Besakih, el templo madre, a pesar de todaslas advertencias que hay en las guías de supuestos timos a turistas, nosotros  no tuvimos ningún problema, nadie nos pidió nada ni intentó vender nada.
El templo es espectacular, imponente y durante el período estival lleno de magia por las ceremonias que realizan y claro lo de ir con niño te abre muchas puertas, también en el templo...
Nos acercamos varias veces al Monkey Forest de Ubud, y algunas de ellas con la familia de Nyoman. Nos perdimos por la zona de Munduk  de paisaje espectacular y poco concurrido. Llegamos a perdidos campos de clavo que llenaban el aire del aroma de la cosecha secándose al sol. Recorrimos senderos entre arrozales. Disfutamos con los paisajes de los lagos Bratan, Batur, Tamblingan. Buceamos en Amed y en Pemuteran y nos bañamos en todas las hot spring que pudimos. Llegamos a playas de arenas oscuras, de aguas turquesas, de arena fina y de algas como en Lembongan. Nos sentamos en cajas de refresco a modo de taburete para tomarnos algunas Bintang y un biberón en la caótica Kuta viendo la vida pasar.
Fuimos a todos los mercados que vimos, todos con tanto color...

Vivimos un montón de ceremonias y fiestas. Comimos en warungs y frenábamos la moto cuando leíamos el cartel de babi guling para comer el crujiente y delicioso cerdo. Nos hartamos de satay de pollo con cacahuetes y Martí flipó con el kupruk (un pan de gambas), cayeron muchos (demasiados) Nasi goreng, algún gado-gado--
Perdimos en Lembongan el último chupete que nos quedaba del arsenal que llevamos desde casa y en todo la isla no había...así que despues de unos llantos y una siesta mientras Álvaro buceaba... Martí abandonó el chupete asegurando que el suyo se lo había llevado un mono.



LO QUE MÁS NOS GUSTÓ: La "familia balinesa" que nos trató de maravilla y a la que hemos prometido volver dentro de unos años.

Que Martí fuera uno más de los niños de la casa y se perdiese por el inmenso patio para ver volar cometas con Putu o jugase en el gang descalzo con otros niños
 Me encantó que Martí aprendiera a contemplar los paisajes 
a sentarse a ver la vida pasar  y disfrutar de no hacer nada. 

Nos encantó perdernos con la moto, lo bien que iba Martí en la patapúm, achuchado entre los dos y con el casquito.
Las ofrendas que cada mañana nos colocaba la hija de Nyoman sobre la moto, hechas con tanto amor.
Las esculturas, mucho, las esculturas me gustaron mucho, al punto de que cargué con dos pequeñitas que compré en una perdida tienda de un artesano.

 

Las carcajadas de Martí cuando saltábamos sobre las losas viendo peces y las nuestras cuando no nos hacíamos entender en zonas perdidas.




Los barcos










Los recolectores de algas en Lembongan










Las piscinas desbordantes de hoteles finos que al pasar por delante con el niño te invitaban a bañar
El lujo de casita a precio de ganga que alquilamos unos días  y sobre todo su baño exterior                            
 Pero sobre todo,  sobre todo nos gustó la gente

LO QUE NO NOS GUSTÓ TANTO: Las playas, no nos gustaron especialmente, nos faltaron islas...para la próxima vez. A mí la comida me aburrió bastante y agradecí alguna pizza en la zona de Ubud que Álvaro detestaba.

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